El país galo, la máxima potencia agrícola de la UE, se ha convertido en importador neto de alimentos procesados en el mercado europeo debido a factores externos como el fortalecimiento del euro y el precio disparado del cacao, pero, sobre todo, por la incapacidad productiva de su industria alimentaria, muy centrada en artículos de alta gama y en terceros países, exteriores a la UE
