Entre sus grandes activos está la presencia de variedades perfectamente adaptadas al entorno, cada una con sus cualidades organolépticas distintivas: guara, penta, belona o avijor-lauranne, entre otras. La cercanía y el bajo impacto ambiental de este fruto seco local son factores determinantes para una industria alimentaria europea cada vez más concienciada con su huella ecológica
