En el caso del cacao y el chocolate, la oportunidad no se limita a vender más: supone competir en un mercado donde el acceso, la reputación y la continuidad comercial dependerán cada vez más de la capacidad de demostrar origen, trazabilidad y sostenibilidad.
Esta norma alcanza al cacao y a productos derivados, incluido el chocolate, y exige demostrar que el cacao no procede de tierras deforestadas después del 31 de diciembre de 2020, que cumple con la legislación del país de origen y que existe información sobre parcelas, proveedores y cadena de custodia.
