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El problema no es el consumo

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Por fin llega el número que dedicamos a la distribución, un número que a mí especialmente me encanta porque el distribuidor es uno de los centros de este apasionante universo. A uno de sus lados, los proveedores y sus proveedores, valga la necesaria redundancia. Los que fabrican y quienes les proveen de maquinaria, de ingredientes, de packaging, de ideas, de asesoramiento, de comunicación… Los proveedores de todo, que están tras los productos donde empieza nuestro sector.
Y al otro lado, el detallista, el que está más cerca del consumidor, es el cúlmen, la meta y donde se producen los triunfos o los fracasos. Y detallistas ya sabemos que hay muchos (unos 300.000) y muchos tipos, un mundo que merece otro concienzudo análisis y conocimiento: las tiendas de conveniencia, las tiendas tradicionales, los quioscos de prensa, los quioscos específicos, las pastelerías y otras “rías” donde conviven productos diferentes,… Y al final de todo ello: el consumidor, “el jefe”, el que manda en toda esta cadena de industria y comercio, en este universo de consumo por impulso, donde se toma la decisión de compra principalmente “aún” en el punto de venta, obsequiando con el aprecio o desprecio (nunca mejor dicho, con el “precio” bien en cuenta), premiando la  I+D+i acertada o  castigando con la indiferencia más cruel.
Creo que les va a gustar conocer más en profundidad cada uno de los operadores de esta distribución que, tras varios años inquietos, han modificado muchos de sus parámetros, unos cuantos planteamientos y hasta parte de su filosofía. Nuestros redactores se han esmerado en ello y han hecho un buen trabajo. Atención a las preocupaciones de los distribuidores. Hace algo más de veinte años cuando empezó Dulces Noticias, había más de 1.500 distribuidores en España, algunos con muy poca estructura, pero los que se quedaron son el 90% de los que conforman el mercado hoy día, que está integrado exactamente por 552 operadores, según nuestro censo, que es el más completo del mercado porque está en constante actualización. Estas empresas se crearon entre los años 60 y 80, por tanto, tienen de media unos 35 años.
Cuando eran 1.500 distribuían el 80% de las golosinas entendiendo, por tanto, un amplio catálogo de  confitería de azúcar y chocolate y otros productos, que nosotros hace veinte años llamábamos “sinérgicos”. El canal impulso entonces, era EL CANAL, y todo el que vendiera productos de pequeño formato tenía que sentarse a negociar plantillas globales o individuales con todos los distribuidores de este sector. Pero han pasado dos décadas intensas, varias crisis económicas,  llegó la globalización, nos hemos unido a Europa, hemos cambiado de moneda, muchas empresas han incorporado otra generación en este tiempo, el mercado ha cambiado muchísimo, se han incorporado a él otros productos destinados antes a alimentación, principalmente de pastelería industrial que ahora se denominan “on the go”, los formatos son  menores y el censo de distribuidores se ha convertido en 550 que realizan entre el 50% y el 60% de la distribución. Pero llegó “la catástrofe de 2008” y los cuatro años durísimos que llevamos nos han distorsionado todo y hay miedo. Creo que es conveniente que pongamos cada cosa en su sitio: con lo que ha crecido el mercado, con el trasvase de productos de un canal a otro y con una mayor profesionalización, aún hay mucha cuerda para el canal impulso.

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